EL DEPORTE REY
Hubo una vez un Territorio, en el que
las gentes, en su tiempo libre, se dedicaban a andar por el campo, a
recorrer el río en barca, a trepar por la montaña, además de a
cantar y tocar algún instrumento, o a leer y pintar bajo la sombra
de un árbol.
No conocían la tecnología actual, se
iluminaban con el Sol, la Luna y el Fuego, estudiaban la Naturaleza y
los conocimientos adquiridos, los aplicaban para solucionar
ampliamente las necesidades vitales. Era un pueblo lleno de seres
felices y contentos.
Un día al atardecer apareció por
allí un objeto redondo, semi-rígido, de color indefinido y de un
tamaño algo mayor que la cabeza de una persona. Nadie sabía quién
lo haba dejado allí, no lo habían visto nunca. Los primeros en
acercarse fueron unos niños que, ante su descubrimiento, llamaron a
otros para compartirlo. Aunque lo rodearon varias veces no lo
tocaron, pues sabían que los mayores les debían autorizar para
ello.
Acertaron a pasar por allí dos
personas mayores que estaban cerca del lugar. Éstos un poco
asustados convocaron a otros mayores que ellos, y así hasta que se
congregó casi todo el pueblo. Todos comentaban -cada uno a su nivel-
qué podría ser aquello, de dónde había venido, qué objeto más
raro, para qué servía. El murmullo llegó a ser un ruido tan
grande y molesto, que no se había conocido nunca una sensación así
en el Territorio.
Pasadas unas horas aparecieron por
allí un grupo de personas, que venían de un territorio extranjero,
reclamando la propiedad del objeto. La dama de más edad que allí se
encontraba, les recriminó sus malos modos y la irrupción en su
territorio, sin avisar ni pedir permiso, pero éstos haciendo uso de
la palabra, le dijeron a la señora que se trataba de un Balón, que
se les había colado en su territorio y que servía para pasar unos
buenos ratos jugando con él.
En ese momento intervino el Mayor, que
era el hombre de más edad, y les dijo que se lo podían llevar, si
demostraban que sabían utilizar el objeto. Entonces los Extranjeros
aceptaron el reto, y les enseñaron a jugar con él; primero
utilizando sólo las manos, después tratando de colarlo en una cesta
elevada del suelo, luego saltando las ramas de un árbol, y más
tarde tirándolo de una orilla a otra del riachuelo.
Todo parecía muy divertido para los
habitantes del Territorio, pero no para los Extranjeros, ya que ellos
decían que realmente se jugaba sólo con los pies, que lo otro era
muy aburrido. Entonces comenzaron a jugar de esta forma, dándole
sólo patadas al balón. Como alguna se escapaba, pues provocaba
lesiones y dolor. Además como los extranjeros tenían mucha
habilidad, los Territoriales no veían balón y se aburrían.
Entonces vinieron los problemas; los Extranjeros empleaban malas
artes para retener el balón todo el tiempo y engañaban a los
Territoriales.
Estas sensaciones no eran conocidas
por los Territoriales, no entraban en sus esquemas, lo que hacía que
los extranjeros se burlasen cada vez más de los otros. Además
consumían de vez en cuando. en pequeños sorbos un extraño elixir,
que les hacía parecerse cada vez más, a los animales bravos que
tenían en su entorno.
Llegó un momento en el que la
situación se puso tan insoportable, que entre varios hombres
Territoriales, tuvieron que contener el ímpetu bravucón de los
Extranjeros. Estos fueron reducidos y llevados a una casa, donde se
quedaron dormidos después de proferir palabras que no comprendían,
en un tono elevado y amenazante. Aprovechando la situación los
colocaron en unos carros y se los llevaron muy lejos del su
Territorio, con la idea de que no pudieran encontrar el camino y
volver alguna vez.
Una vez recuperada la Paz del lugar,
como pensaron que el objeto redondo que había aparecido, era el
desencadenante del problema, y con el fin de no volver a tener una
experiencia parecida, enterraron en medio del pueblo dicho objeto,
colocando encima un cartel en cuyo texto rezaba la prohibición de
utilizar el artilugio, al que los Extranjeros habían denominado
Balón.
Por primera y única vez, se prohibía
algo en dicho territorio, pues hasta entonces nunca hizo falta un
cartel, Regla, ni siquiera una advertencia verbal, para indicar a las
gentes del lugar lo que no se podía hacer, eso ellos lo iban
aprendiendo fijándose en los mayores y los mayores jamás dieron un
paso atrás en su conducta.
… y parece que este pueblo se mantuvo durante mucho más tiempo
feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario