miércoles, 23 de abril de 2014


EL DEPORTE REY

Hubo una vez un Territorio, en el que las gentes, en su tiempo libre, se dedicaban a andar por el campo, a recorrer el río en barca, a trepar por la montaña, además de a cantar y tocar algún instrumento, o a leer y pintar bajo la sombra de un árbol.

No conocían la tecnología actual, se iluminaban con el Sol, la Luna y el Fuego, estudiaban la Naturaleza y los conocimientos adquiridos, los aplicaban para solucionar ampliamente las necesidades vitales. Era un pueblo lleno de seres felices y contentos.

Un día al atardecer apareció por allí un objeto redondo, semi-rígido, de color indefinido y de un tamaño algo mayor que la cabeza de una persona. Nadie sabía quién lo haba dejado allí, no lo habían visto nunca. Los primeros en acercarse fueron unos niños que, ante su descubrimiento, llamaron a otros para compartirlo. Aunque lo rodearon varias veces no lo tocaron, pues sabían que los mayores les debían autorizar para ello.

Acertaron a pasar por allí dos personas mayores que estaban cerca del lugar. Éstos un poco asustados convocaron a otros mayores que ellos, y así hasta que se congregó casi todo el pueblo. Todos comentaban -cada uno a su nivel- qué podría ser aquello, de dónde había venido, qué objeto más raro, para qué servía. El murmullo llegó a ser un ruido tan grande y molesto, que no se había conocido nunca una sensación así en el Territorio.

Pasadas unas horas aparecieron por allí un grupo de personas, que venían de un territorio extranjero, reclamando la propiedad del objeto. La dama de más edad que allí se encontraba, les recriminó sus malos modos y la irrupción en su territorio, sin avisar ni pedir permiso, pero éstos haciendo uso de la palabra, le dijeron a la señora que se trataba de un Balón, que se les había colado en su territorio y que servía para pasar unos buenos ratos jugando con él.

En ese momento intervino el Mayor, que era el hombre de más edad, y les dijo que se lo podían llevar, si demostraban que sabían utilizar el objeto. Entonces los Extranjeros aceptaron el reto, y les enseñaron a jugar con él; primero utilizando sólo las manos, después tratando de colarlo en una cesta elevada del suelo, luego saltando las ramas de un árbol, y más tarde tirándolo de una orilla a otra del riachuelo.

Todo parecía muy divertido para los habitantes del Territorio, pero no para los Extranjeros, ya que ellos decían que realmente se jugaba sólo con los pies, que lo otro era muy aburrido. Entonces comenzaron a jugar de esta forma, dándole sólo patadas al balón. Como alguna se escapaba, pues provocaba lesiones y dolor. Además como los extranjeros tenían mucha habilidad, los Territoriales no veían balón y se aburrían. Entonces vinieron los problemas; los Extranjeros empleaban malas artes para retener el balón todo el tiempo y engañaban a los Territoriales.

Estas sensaciones no eran conocidas por los Territoriales, no entraban en sus esquemas, lo que hacía que los extranjeros se burlasen cada vez más de los otros. Además consumían de vez en cuando. en pequeños sorbos un extraño elixir, que les hacía parecerse cada vez más, a los animales bravos que tenían en su entorno.

Llegó un momento en el que la situación se puso tan insoportable, que entre varios hombres Territoriales, tuvieron que contener el ímpetu bravucón de los Extranjeros. Estos fueron reducidos y llevados a una casa, donde se quedaron dormidos después de proferir palabras que no comprendían, en un tono elevado y amenazante. Aprovechando la situación los colocaron en unos carros y se los llevaron muy lejos del su Territorio, con la idea de que no pudieran encontrar el camino y volver alguna vez.

Una vez recuperada la Paz del lugar, como pensaron que el objeto redondo que había aparecido, era el desencadenante del problema, y con el fin de no volver a tener una experiencia parecida, enterraron en medio del pueblo dicho objeto, colocando encima un cartel en cuyo texto rezaba la prohibición de utilizar el artilugio, al que los Extranjeros habían denominado Balón.

Por primera y única vez, se prohibía algo en dicho territorio, pues hasta entonces nunca hizo falta un cartel, Regla, ni siquiera una advertencia verbal, para indicar a las gentes del lugar lo que no se podía hacer, eso ellos lo iban aprendiendo fijándose en los mayores y los mayores jamás dieron un paso atrás en su conducta.

… y parece que este pueblo se mantuvo durante mucho más tiempo feliz.